Limpiar horno con amoniaco

Limpiar el horno con amoniaco puede ser un verdadero dilema para aquellas personas que no están acostumbradas a usar el propio amoniaco.

Muchas son las opciones que tenemos para limpiar nuestro horno, pero hoy conoceremos una de las más populares.

Y es que después de preparar suculentos platos, estos aparatos deben ser limpiados rigurosamente para no almacenar suciedad, grasa y quemaduras que con el tiempo, desencadenen en su deterioro.

Existen en el mercado productos químicos que sirven para limpiar nuestro horno, que nos dejan nuestros aparatos relucientes, pero costosos y si el uso es frecuente, se nos irán muchas monedas en comprarlos. Por eso, te ofrecemos esta alternativa, que realizándola frecuentemente, eliminará las suciedades del horno sin muchos esfuerzo y economizando.

Recomendaciones para limpiar el horno con amoniaco

El amoniaco es un líquido fuerte y toxico que debe ser manipulado con sumo cuidado y bajo estrictas normas de seguridad.

Es uno de los productos por excelencia para elaborar los limpiadores del hogar y por supuesto, los de hornos. Es un producto sencillo de usar pero, si optas por comprarlo solo, para elaborar tu propio limpiador, te recomendamos lo siguiente:

  • Utiliza guantes para proteger toda el área de tus uñas y palmas de las manos.

  • Por ser un producto de limpieza cáustico, los vapores que ocasionan pueden causar ahogo. Se recomienda que el día que optemos por hacer la limpieza, ventilemos la habitación. Esto evitará una intoxicación innecesaria.

  • Este producto es solo para ser usado en hornos eléctricos, no a gas.

  • Cuando usemos el amoniaco, no debemos mezclarlo con otros productos abrasivos y fuertes como puede ser el vinagre o el limón.

Limpiar el horno con amoniaco

Limpiar horno con amoniaco

La limpieza con este producto se lleva a cabo durante dos días, porque requiere ciertos pasos a seguir. El amoniaco es un producto que hay que usar con cuidado, así que te sugerimos que no quieras correr y lo hagas todo con cuidado y siguiendo los pasos que verás a continuación.

Día 1: Lo haremos por la noche.

Una vez que desocupemos el horno y sepamos que no va a ser utilizado durante esos días, se procede a calentarlo a una temperatura de 150° F (serian 65°C), paralelamente, colocamos una olla a hervir. Cuando el horno esté lo suficiente caliente, se apaga.

En este momento, colocaremos en la parte de arriba, entre media a una taza de amoniaco en un envase para horno y en la parte inferior (debajo de la taza de amoniaco) la olla con el agua hirviendo. Una vez terminado el proceso, cerramos su puerta y lo dejamos actuar durante toda la noche.

Día 2: Día siguiente

 Abrimos las ventanas o las aperturas por donde entrará el aire natural. Abrimos el horno, dejando que salga el olor del amoniaco para que no intoxique, retiramos la taza de amoniaco y la olla de agua.

Quitamos las rejillas y en la taza de amoniaco, añadimos una pequeña cantidad de detergente líquido, junto a un litro de agua tibia. En este momento, nos colocamos guantes protectores y colocamos algún material en el suelo para que no manche en caso de caer pequeñas gotas de la mezcla (puede ser periódico o un trapo viejo).

Con ayuda de una esponja de nailon (por su dureza que no se vaya a deshacer), la introducimos en la mezcla y comenzamos a limpiar todo el horno, la superficie, paredes, el fondo. Sacamos las rejillas y también le pasamos nuestra mezcla.

La acción del amoniaco durante la noche, habrá ablandado la grasa, suciedad y quemados, producto de derrames durante la cocción.

Si haciendo ese proceso las manchas no ceden, podemos aplicar amoniaco directamente a la suciedad y la dejamos reposar por 30 minutos. Por último, enjuagar todo con un trapo húmedo y limpio hasta retirar todo el exceso de amoniaco y su olor. Dejamos abierta nuestra tapa para ventilar un poco.

En el caso de limpiar las rejillas del horno, a veces como no ceden a nuestra mezcla, podemos colocarlas en una bolsa grande y oscura, le colocamos con la esponja amoniaco, cerramos y las llevamos al exterior por unas horas.

Luego, las lavamos como de costumbre y secamos con un trapo limpio y húmedo para eliminar restos de amoniaco en ellas.

Por cierto, las juntas se limpian con otros productos, no con amoniaco porque podría desgastarlas.